sábado, 17 de marzo de 2012

De danzas y dulces en el crucero.


Andando en coche por la ciudad, la luz ámbar me indicaba que debía reducir mi velocidad, pues muy próxima llegaría su compañera luz roja.  Como suelo ser una conductora responsable, tome las precauciones correspondientes y decidí parar mi auto hasta que la luz verde me diera el pase.

Normalmente me invaden muchas sensaciones cuando me toca parar en un crucero, y debo decir que no me gusta nada tener que hacerlo;  pues por lo general me invade un sentimiento que aun no sé cómo explicar.
Es tan normal aquí encontrar a personas que venden cosas, que te limpian el vidrio, hasta malabaristas y magos, pero mi mente me dice que eso no debería ser normal, pues eso me indica que no han podido encontrar un buen trabajo que les de sustento, y es ahí cuando preguntas empiezan a dar vueltas por mi cabeza; ¿qué sería de esa persona para llegar hasta ahí?, ¿qué sentirá en los meses de verano, cuando el sol quema como si nos odiara? ¿tendrá hijos? ¿estará enferma? ¿logrará sacar suficiente dinero para comer?, en fin montones de preguntas que quedan sin respuesta y me provocan esa sensación inexplicable.

Pero cuál fue mi sorpresa esta vez, que en lugar de que me llegara todo lo que describí anteriormente, me llego un sentimiento de nostalgia y alegría que me recordó de donde vengo y momentos muy felices de mi niñez.  De repente, entre el malabarista que lanzaba su trompo, y el señor que vende aromatizantes para auto, surgió una cabecita de venado, y me pregunté, ¿acaso será?, y si, ¡si era! Un señor bailando la tradicional “danza del venado”, danza originaria del estado mexicano de Sonora, de la cual mi padre nos hablaba con orgullo en aquellos tiempos cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, y que incluso llegamos a ver en algún evento, por allá en la hermosa ciudad de Hermosillo.  Ahora, es mi turno compartir lo que sé de ella con ustedes.

Se trata de una danza que representa el ciclo de vida del venado, y que se atribuye a los indios yaquis, quienes consideran como sagrado a este animal pues para ellos es un cúmulo de cualidades que tienen armonía en su conjunto, la realidad, la verdad y la belleza; ser danzante venado es el ideal del indio yaqui.

Tradicionalmente, este baile debe ser efectuado por un yaqui al cual sus padres hayan destinado desde pequeño para tal fin; y para ejecutarlo, debe llevar una indumentaria especial que consiste en un pantalón o calzón con capullos secos de mariposa a la altura de las pantorrillas, pues producen un sonido muy particular; en las manos debe portar dos sonajas de dulce, y cubrirse la cabeza y los ojos con un pañuelo blanco sobre el cual se coloca una cabeza disecada de venado.  El danzante, baila prácticamente a ciegas, pues debe abrir todos sus sentidos para representar dignamente al animal, imitando las reacciones que éste manifiesta cuando está en contacto con su entorno y con los otros animales que lo rodean, quienes son representados por las figuras de los "pascola", que por lo general representan a coyotes y cazadores que intentan hacerle bromas o daño al venado, mientras éste trata de defenderse con agilidad y elegancia.

Así inicia una lucha entre cazador y venado, donde el animal, fulminado por una flecha comienza otra lucha con la muerte, "aunque le faltan las fuerzas y se desvanece, se levanta trémulo, en ese momento se escucha el tambor que representa los latidos del corazón del venado, éste, se levanta tembloroso y se niega a morir, siente fuertes sacudidas en su cuerpo, y es donde empiezan los espasmos y calambres y a pesar de su intento por levantarse, todo resulta ser fallido hasta quedar totalmente inerte".



Y así culmina este post, con un color de alegría, que áquel día el viento posó sobre mi ser.